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Sobrevivientes del programa MK Ultra se unen para demandar al gobierno federal

Sobrevivientes del programa MK Ultra se unen para demandar al gobierno federal

Según este artículo de CTV News, los supervivientes y las familias de un programa de lavado de cerebro MK Ultra dirigido por el Dr. Ewen Cameron en la Universidad McGill de Montreal en las décadas de 1950 y 1960 se han unido para hacer que los horrores de este programa sean más visibles al público.

Están planeando una demanda colectiva contra el gobierno provincial y federal, una iniciativa sobre la cual el abogado Alan Stein se siente optimista:

“Creo que podemos reclamar daños morales como resultado de los experimentos cuando el Dr. Cameron usó a estas personas como conejillos de indias” – abogado Alan Stein

Hay razones para tomar en serio a Alan Stein en este asunto. Ha representado con éxito a numerosos sobrevivientes que fueron pacientes del infame Allan Memorial Institute de la Universidad McGill.

En 1992, la entonces Ministra de Justicia Kim Campbell compensó a 77 ex pacientes del programa, pero les negó a otros un pago porque se consideró que no estaban lo suficientemente dañados. Stein ha manejado varias demandas y acuerdos extrajudiciales desde entonces.

La disculpa pública es primaria

Lo que es diferente con esta demanda colectiva es que el objetivo principal de las víctimas es una disculpa pública y una admisión de complicidad por parte del gobierno. En demandas individuales previamente exitosas, el dinero se pagaba sobre la base de la magnitud del daño -como el grado en que la víctima había llegado a un “estado infantil”- y no sobre la base del principio fundamental de que los derechos humanos de los ciudadanos habían sido violados de manera flagrante.

No voy a detallar la letanía de abusos a los derechos humanos que fueron perpetrados por el programa MK Ultra aquí. Este episodio del Quinto Estado podría ser un buen punto de partida si usted está interesado en obtener más detalles sobre el tipo de tratamiento cruel y subversivo que las víctimas tuvieron que soportar, un tratamiento que a menudo dañaba a los pacientes de por vida. Basta decir que ninguno de los pacientes dio su consentimiento informado o sabía que estaban siendo utilizados para la investigación de la CIA de Cameron y financiada por el gobierno federal. En cambio, se les dijo erróneamente que sus tratamientos eran médicamente necesarios y para su propio bienestar.

No divulgación forzada

Aquellos sobrevivientes que fueron considerados lo suficientemente dañados como para garantizar una compensación o los miembros de la familia que luchaban en su nombre fueron obligados por el gobierno a firmar acuerdos de no divulgación. Gran parte de la motivación detrás de que los sobrevivientes y sus familias se reúnan esta vez y emprendan acciones colectivas se debe a la frustración de que el gobierno siga haciendo todo lo que esté a su alcance para silenciar la existencia de este programa y evitar que las revelaciones de estos actos inhumanos se conviertan en parte del discurso cotidiano.

Estos eventos, como el holocausto, deberían estar fuertemente arraigados en nuestra psique colectiva para que podamos sanar de ellos, y también fortalecernos para evitar que este abuso de autoridad ocurra en el futuro.

Lo que es prometedor es que cada vez más personas rechazan la posibilidad de que se les pague por su silencio y se sienten motivadas para sacar a la luz actos de atrocidades humanas, obligando a los implicados a asumir la responsabilidad pública. Cuanto más se resista el gobierno a los procesos necesarios para la sanación y la reconciliación que redunden claramente en beneficio de sus ciudadanos, más profunda será su complicidad oculta en estas tragedias para quienes tengan ojos para ver.

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