Salud

¿Qué Es La Magnetoterapia?

Cuando nos hablan de pulseras magnéticas para el tratamiento del reuma o aplicaciones de magnetoterapia en un centro de rehabilitación, la sensación es beneficiarse de un importante avance tecnológico…y, de hecho, así es, pero no es menos cierto que la humanidad ya se trataba con imanes, posiblemente antes de la historia escrita.

De hecho, las primeras referencias se remontan a la leyenda griega de Magnes, el pastor de Tesalia que apacentaba sus cabras en un paraje rocoso, quien notó que la hierba crecía con más fuerza alrededor de determinadas piedras y que al llevar encima un fragmento de “aquella roca negra y pesada”, podía correr más rápido y durante más tiempo.

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Posiblemente, la leyenda, como toda tradición oral, recogiera indicaciones de una técnica curativa muy antigua, y que, como el Guadiana, reaparece periódicamente.

Pero el hecho de que las rocas magnéticas se encuentren en regiones muy determinadas y que la poca potencia de los imanes naturales fuera débil, hicieron que el espectro curativo se limitara mucho y que, además, no tuviera una repercusión fundamental en la historia de la medicina hasta hace muy poco tiempo.

¿Qué es el magnetismo?

En realidad, vivimos en un universo de energía. En última instancia la materia no es más que una configuración energética donde los átomos mantienen órbitas estables, pero poseen energía que puede medirse.

El amplísimo espectro electromagnético, del cual la ciencia moderna apenas sí conoce una mínima parte, forma un componente fundamental de nuestras vidas.

Desde las radiaciones fotoenergéticas del sol, creadoras y mantenedoras de la vida tal como la conocemos, hasta la actividad orgánica del cerebro o del corazón, que generan una actividad eléctrica medible en los registros gráficos de un electrocardiograma, por ejemplo, nuestra existencia está entrecruzada de energías.

La magnética, pese a que se ha empezado a conoces hace relativamente poco tiempo, es posiblemente una de las manifestaciones energéticas más profundamente unidas a nuestra vida.

Sus efectos más conocidos sobre el organismo son fundamentalmente a nivel de los metabolismos energéticos, sobre todo de las sustancias que permiten el buen funcionamiento de la actividad celular.

Cualquier célula, para mantener sus funciones y, por tanto, la vida, precisa de una serie de intercambios entre sustancias cargadas, eléctricamente, especialmente el sodio, el potasio, el cloro y el calcio.

Estos compuestos, y muchos más, establecen entre ellos a nivel de la membrana y la sustancia interna celular, unas diferencias de potencial eléctrico que hacen posible el paso de sustancias a través de la membrana protectora de la célula y canalizan la energía para que la misma pueda funcionar adecuadamente.

Pero este intercambio necesita aportes energéticos extras y recientes estudios han demostrado que la energía magnética es fundamental para el intercambio del calcio y el fósforo, dos de los elementos fundamentales no sólo de nuestra arquitectura ósea, sino también de nuestra capacidad de contracción muscular.

Vivimos sobre un imán

Tan importante es el magnetismo para el buen funcionamiento de nuestro organismo, que una de las consecuencias de la exploración del espacio en las últimas décadas ha sido la comprobación de que los astronautas puestos en órbita alta, por encima del campo magnético terrestre, presentaban a su vuelta una gran debilidad muscular y, lo que es más importante, una valorable pérdida de calcio en los huesos.

Posteriores estudios han demostrado que fuera del campo magnético terrestre los elementos con cargas eléctricas que constituyen la base de la actividad orgánica se comportan en forma diferente, se “descargan” por decirlo de alguna manera, y se eliminan de los depósitos naturales, que en el caso del calcio son los huesos.

Por otro lado, se sabe que un campo magnético excesivamente fuerte puede producir una importante activación de esos mecanismos energéticos, como sucede en las personas que viven cerca de importantes fuentes de radiación, como las torres de alta tensión de los tendidos eléctricos, que presentan habitualmente un notable incremento de dolores de cabeza, cansancios injustificados y que en algunos casos pueden llegar a presentar mayor riesgo de enfermedades tumorales, especialmente a nivel de las células de la sangre.

Claro que no todo es malo y peligroso en la radiación magnética. Adecuadamente “domesticada”, está siendo utilizada para diagnosticar enfermedades recogiendo en una pantalla las variaciones nucleomagnéticas que experimenta un campo magnético conocido: se trata de la resonancia nuclear magnética, que permite unas técnicas de imagen de una precisión y fiabilidad nunca conseguidas hasta ahora y con muchos menos efectos secundarios que la radiación röentgen, los antiguos Rayos-X.

Curar con imanes

La aplicación de imanes para tratamiento de las enfermedades puede hacerse de muy distintas formas. En principio todo imán, estable o inducido eléctricamente, tiene un polo positivo y uno negativo, es decir, como la tierra, un polo norte y un polo sur. Normalmente se usa en terapia el polo norte -negativo- del imán.

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Los imanes usados en terapia pueden ser de dos tipos: fijos o estables, y activos, que “se ponen en marcha” por una fuente eléctrica.

Los de primer tipo se usan más para el tratamiento de enfermedades crónicas o como estimulantes generalizados. Los del segundo con más utilizados para el tratamiento de agudizaciones y como terapia coadyuvante en los casos de fracturas complicadas de hueso, por el efecto recalcificante local que tienen.

¿Qué curan los imanes?

Su indicación más frecuente y conocida es en el tratamiento del dolor, especialmente el dolor esquelético. Es de dominio popular que la magnetoterapia es, en muchos casos, superior en sus efectos analgésicos a muchos tratamientos bioquímicos y, por supuesto, tienen una gran ventaja sobre las medicinas convencionales: la ausencia de efectos secundarios indeseables.

Además son útiles, especialmente en sus presentaciones estables, como tónicos generales y antiestrés, relajantes musculares y estimulantes vasculares.

¿Cómo curan los imanes?

Imanes fijos: se presentan en el mercado en forma de pequeñas “lentejas” de materiales no ferrosos (son mucho mejore que los antiguos imanes de hierro), cuyo polo norte es plano para poderlo apoyar adecuadamente en la piel. Estos imanes se usan de dos maneras: bien sobre el foco de dolor o inflamación que se pretende tratar, en forma directa, o bien, en manos de un técnico bien preparado, sobre los puntos tradicionales de acupuntura china, en cuyo caso su efecto es similar al de las agujas dispersantes de esa medicina y su acción se amplía notablemente con las indicaciones de esa antigua técnica oriental.

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Entre los “imanes fijos” el más popular es el que se presenta en forma de pulseras activadas magnéticamente, de amplia utilización en nuestra sociedad por sus buenos efectos analgésicos en los problemas de artrosis.

Uno de los problemas que presentan esas pulseras es que no todo el mundo las tolera. Esto se debe a que no siempre están indicadas y su efecto puede ser notablemente fuerte en personas cuya actividad energética se encuentre deprimida.

La forma más “científica” de tratamiento magnetoterápico es la representada por los electroimanes de inducción, que son los que se usan normalmente en clínicas y centros de rehabilitación.

Son aparatos que se estimulan con la corriente eléctrica y que llegan a intensidades notables de actividad magnética.

Especialmente indicados en los tratamientos de dolores crónicos agudizados y estimulantes metabólicos del calcio, su acción puede (y debe) potenciarse con regímenes de alimentación adecuados con aporte de calcio calculado y medicamentos naturales.

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