Espiritualidad

La Inmortalidad – ¿Mito o Realidad? [1]

Desde que existe, el ser humano siempre ha ansiado descubrir la fórmula de la “eterna juventud” y convertirse de esta forma en inmortal. A partir de este punto se han creado mitos cuya cualidad principal es el de la inmortalidad y, de aquí surge la pregunta: ¿Podrían ser realidad los mitos, como el de Nosferatu, cuya leyenda le identificaba con “el que no muere“?

Según antiguos textos cuneiformes, los diez primeros reyes sumerios gobernaron durante 456.000 años, y los veintitrés reyes posteriores al diluvio lo hicieron durante 24.510 años, 3 meses y 3 días y medio. Los nombres de muchos de esos monarcas figuran claramente escritos sobre ladrillos y monedas.

inmortalidad

Los sumerios enumeraron en tablillas de barro cocido los reyes anteriores al Diluvio. Son los siguientes:

  • Alulin, de la ciudad de Nunki, que gobernó 28.800 años.
  • Alagar, de la misma ciudad, que gobernó 36.000 años.
  • Enmeenluanna, de Badtabire, que gobernó 43.200 años.
  • Enmeengalanna, de Badtabire, que gobernó 28.000 años.
  • Damuzi, el pstor de Badtabire, que gobernó 36.000 años.
  • Enmeenduranna, de Sippar, que gobernó 21.000 años.
  • Dudu, de Schuruppak, que gobernó 18.000 años.

¿Se trata de años o de “lunas”, de meses de veintiocho días? o ¿esos números de años se refieren a la duración de las dinastías?

El comienzo de la cultura sumeria parece coincidir casi con el Génesis bíblico, ya que se encuentran en las citadas tablillas datos sobre las dinastías postdiluviales. Estos reinados son mucho más cortos que aquéllos, aunque haya cifras igualmente increíbles.

El reinado más largo es el de Kisch, con una duración de 1.500 años para un solo hombre y se mencionan 23 reyes. La primera dinastía de Erech tiene 12 y dura 2.310 años. La primera de Ur, con probablemente 5 reyes, va del 3.100 al 2.930 a.C., es decir, que tiene una duración de 177 años, siendo el tiempo de reinado de cada monarca de entre 25 y 80 años. Los reyes posteriores a Kisch alcanzan nuevamente edades fabulosas: entre 180 y 360 años cada uno, figurando ocho reyes a lo largo de 3.196 años.

¿Hubo épocas en las que los seres humanos pudieron alargar sus vidas durante siglos?

Según las sagradas escrituras, Adán vivió 930 años, y  los patriarcas del Antiguo Testamento tuvieron una existencia inconcebiblemente larga. Si creemos lo que dice el Génesis. Set. vivió 912 años; Enós, 905; Cainán, 910; Mahaleel, 890; Jared, 962; Enoc, 365 (entre los hombre, ya que desapareció al llevárselo Dios misteriosamente); Matusalén, el más longevo, 969 años; Lamec, 777, y Noé, 950.

Así lo dice la letra de La Biblia, aunque la iglesia explique que estas edades fueron exageradas para llenar con personajes de carne y hueso el vacío que media entre la creación del mundo y la elección de Abraham.

René Guénon piensa incluso, que Enoc (Seyidna Isis) y Elías (Seyidna Dhul Kefe), que enigmáticamente abandonaron este mundo, no pasaron por la muerte corporal. Está escrito que deben manifestarse de nuevo (Apocalipsis,XI).

Moisés tuvo un misterioso compañero, el Khidr, el “Maestro de los Solitarios”, quien, según la tradición, sigue vivo; renueva su juventud cada ciento veinte años y recorre el mundo practicando la alquimia… por otra parte, de acuerdo con lo que se dice en el Nuevo Testamento, San Juan Evangelista debe vivir “hasta que venga el Cristo glorioso”.

Y, según la leyenda, los héroes Artús (rey Arturo) y Merlín se encuentran dormidos y despertarán en su día para combatir al Anticristo, cuando éste intente apoderarse del Santo Grial.

Tradiciones y leyendas

Pero también hay hechos y manifestaciones sorprendentes.

«Quiero -dijo Aristóteles a Alejandro-, daros a conocer el mayor de los secretos, que no sólo procuraría el bienestar de la República y de los particulares, sino que prolongaría también la vida.

La operación que purgaría a los metales más viles de las partes corrompidas que contienen para que se conviertan en plata u oro puros, podría también eliminar las partes corrompidas del cuerpo y prolongar la vida durante varios siglos.»

La orden secreta de la Rosacruz preconiza la vida eterna para el ser humano.

Moisés tuvo un misteirioso compañero, el Khidr, el «Maestro de los solitarios» quien, según la tradición, sigue vivo. Renueva su juventud cada ciento veinte años y recorre el mundo practicando la alquimia.

En la tradición islámica, hay personajes de enorme longevidad, como el imán oculto de los chiitas, que desapareció en el siglo IX en el mundo subterráneo de Samarra, en Irak, y que debe retornar a un día para agrupar a los pueblos que hayan continuado fieles a la tradición y luchar contra el Anticristo.

la inmortalidad

Según Henri Massé, y como nos los recuerdan Pierre Ceria y François Ethuin en L´énigmatique Comte de Saint-Germain (El enigmático Conde de Saint-Germain) (1972), la comunidad chiita continúa considerándose dirigida por ese Imán invisible, a quien todos deben jurar fidelidad, y es notable que, en 1910, el Parlamento persa iniciara sus sesiones en presencia del Imán oculto.

Muchos viajeros europeos han oído hablar en la India de yoguis de varios cientos de años de edad, que viven en los Himalayas en plena juventud.

En las tradiciones orientales y en el taoísmo se habla de los “inmortales”. Según la tradición hindú, la “ciudadela Sagrada” es su morada. En China se ha buscado afanosamente y los antiguos taoístas afirmaban estar en posesión de ella.

Por otra parte, según el tantrismo, la longevidad humana puede llegar a varios siglos.

En el libro que acabo de citar, se evocan varios casos legendarios de presunta inmortalidad o de longevidad extraordinaria. Así, los autores nos recuerdan que, según se dijo, Carlomagno no habría muerto.

«En el wurdenberg, con su corona de oro en la cabeza, su cetro en la mano, su luenga barba cubriéndole el pecho, tiene en torno suyo a sus principales señores, y allí espera no se sabe qué… La tradición dice que es el secreto de Dios.»

Según este mismo libro, el emperador Federico Barbarroja se encontraría oculto, desde hace bastantes siglos, con su corte, bajo la montaña de Kisfhauser, donde ha de vivir hasta el juicio final. «Algún tiempo antes del día fatal, reaparecerá, y el Arbol Seco del Impero florecerá de nuevo».

En el museo de Cluny se puede ver la lápida sepulcral del famoso alquimista Nicolás Flamel, nacido en Pontoise entre 1330 y 1345 y “muerto” el 22 de Marzo de 1418. En el siglo XIX, Paul Lucas habló de este personaje con derviche, en Brusa (Turquía). «A pesar de su piedra filosofal, está bien muerto» -le dijo Lucas.

A principio del siglo XX, cierto autor afirmaba haber hallado en la India una clase de extraños hombres que, en señal de reconocimiento, empuñaban un largo cuerno de antílope.

«Nadie -escribía- conoce sus nombres y nadie piensa en preguntárselos, porque todo el mundo sabe muy bien que están liberados de los límites externos del nombre y de la forma, estos dos elementos constitutivos de la individualidad vulgar.

El tipo que les es común se halla en las esculturas de los más antiguos monumentos de la India y, cosa más curiosa aún, hemos reconocido ese mismo tipo de Europa, en agentes importantes de un poder oculto.»

¿Se trata de la inmortalidad? ¿Podrá de hecho el hombre vencer algún día la vejez, la enfermedad y la muerte?

Los dioses antiguos eran inmortales y eternamente jóvenes, porque ingerían el néctar y la ambrosía del Olimpo. Y lo mismo conseguían los dioses Ases, en el cielo escandinavo, comiendo las manzanas doradas de la juventud, nunca probadas por los hombres.

La ninfa Calipso prometió a Ulises eterna juventud si él se quedaba con ella en su isla, pero Ulises sólo permaneció siete años junto a ella y después prosiguió su interminable travesía de regreso a Itaca.

De inmortalidad nos hablan todas las religiones

«Díjose Yavéh Dios: “He ahí al hombre, hecho como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal; que no vaya ahora a tender su mano al árbol de la vida y comiendo de él, viva para siempre”. Y le arrojó Yavéh Dios del jardín de Edén» (Gen. 3-23,24).

(Dice una nota a pie de página de la Biblia de Nácar-Colunga«Esta expulsión del jardín en que el hombre había sido colocado inmortal, implica la privación definitiva de este don de la inmortalidad y de la felicidad del paraíso terrenal».)

¿Quién fue el enigmático Saint-Germain? El Conde de Saint-Germain y Weldon ha sido denominado como la «esfinge del siglo XVIII». Fue conocido, entre otros nombres, con los de Marqués de Aymar, Conde de Belmar o de Ballamye, caballero Schoening, Conde Soltikov y Monsieur de Sur-mont. En determinado momento tomó el nombre de Saint-Germain.

A su último amigo, el Príncipe Carlos de Hesse, le confesó ser hijo del Príncipe Rac-koczy de Transilvania y de su primera esposa, una Tekely.

 «Cuando supe -le dijo- que mis dos hermanos habían aceptado, por sumisión al emperador Carlos VI y a la emperatriz, tomar los nombres de San Carlos y de Santa Elisabeth, decidí hacerme llamar Sanctus-Germanus, es decir, el Hermano Santo» (Mémoires, de Carlos de Hesse).

Saint-Germain

Mucho se ha discutido sobre la vida de este personaje, a quien las enciclopedias parecen ignorar. Unos dicen que fue un rosacruz de grado elevado y otros un auténtico iniciado, ocultista, mago, alquimista, gran físico, químico y médico, escritor, poeta, músico, pintor y un genio en todos los conocimientos. Parece que dominaba todas las lenguas, antiguas y modernas.

Se decía que Saint-Germain heredó colosales poderes, una gran parte de los secretos de Rosa-Cruz, eslabón de una larga cadena ininterrumpida desde los Templarios, que le hicieron inmortal.

conde de saint germainSe ha supuesto que nació en 1660. Se ha dado como año de su “muerte” oficial el de 1784 (27 de Febrero) y el de 1790.

Pero, ¿murió en realidad? J. L. Bernard dejó dicho que «su tumba no encerró jamás sino el vacío». Se le vio después en Europa, en Egipto y hasta en América.

Seis años después del primero indicado como el de su muerte, aparece advirtiendo al Barón Linden y a Rudolph Gräffer«Adiós, amigos míos, me retiro a los Himalayas. Regresaré dentro de ochenta y cinco años».

Sí, Saint-Germain, cuando siente necesidad de ello, toma el camino del Himalaya, en el Tibet, en la peregrinación de todos los iniciados, para establecer contacto, en lo que parece ser la fuente única, con la luz de la verdad.

Puede seguirse sin cesar su rastro ¡hasta finales del siglo XIX! El llegó a firmar que tenía 4.000 años.

Poseía una gran fortuna, cuyo origen era desconocido. «Tengo la naturaleza en mis manos y, como dios creo el mundo, puedo también sacar de la nada lo que quiero.» Son palabras atribuidas a Saint-Germain.

Se ha pensado que su colección de pinturas, sus piedras preciosas, todo lo que constituía su riqueza, podía proceder del tremendo tesoro acumulado por los rosacruces a través de los siglos.

Tal vez sus superiores decidieron hacer de el un hombre poderoso, dándole estos medios y transmitiéndole sus secretos, para el cumplimiento de determinadas misiones.

Pero se ha dicho también que, a pesar de sus inmensos poderes, Saint-Germain no conocía todos los secretos de los Rosa-Cruz, que sólo los iniciados supremos pueden llegar a poseer al paso de los siglos. Sin embargo, si poseyó seguramente el de la longevidad.

La longevidad superior a todo lo normal era uno de los conocimientos fundamentales de los rosacruces. Se aseguró que debía su eterna juventud a un elixir milagroso del que era dueño.

«Es un hombre que todo lo sabe y nunca muere» -dijo de él Voltaire. «Si no es él mismo un dios, un poderoso dios le inspira», dijo alguien también.

¿De qué se alimentaba Saint-Germain? Casanova, el célebre aventurero, nos dejó estas palabras: «Este hombre singular jamás tocaba nada en los banquetes. Decía que su vida dependía de la alimentación que consumía y que nadie, excepto él, conocía.»

De Grimm contaba la siguiente anécdota:

«Un día en que entré con el conde en una iglesia de París, me pareció extraño ante una imagen de cristo.

-Estoy muy impresionado -dijo- por el parecido de ese Cristo con el original, que conocí perfectamente.

-No estaréis hablando en serio.

-¡Por supuesto que sí! -repuso Saint-Germain-. ¡Muy en serio!».

¿Se refería Saint-Germain al decir “original” a la escultura primitiva que sirviera de modelo a aquélla o estaba hablando del propio Jesus? En otra ocasión, confirmaría que, en efecto, había conocido a Jesucristo.

El 3 de Junio de 1760 en el vespertino inglés London Chronicle se pudo leer lo siguiente: «Se está en el convencimiento de que entre otras cosas, Saint-Germain posee un remedio contra todas las enfermedades y que sabe vencer el paso del tiempo.

El Conde de Saint Germain parece tener otros talentos que la música. Nos dicen de París que dio a una de sus amigas un frasco de elixir de vida, la cual, para ocultar a su marido las razones de su tesoro en el cajón de una cómoda. Su camarera, el descubrir el frasco, creyó que se trataba de un medicamento y lo vació de un trago… Cuando su señora volvió, una muchacha jovencísima le abrió la puerta…».

En 1765, la condesa de Gergy encontró en la Grand Place, de Bruselas, a Saint-Germain. Este se presentó, y ella creyó reconocer en sus rasgos la cara de un amigo.

-«¿No vivía vuestro padre en Venecia a principios de siglo? -preguntó-. Ya veréis que soy muy vieja, pero creo haberle conocido

-No, señora -replicó Saint-Germain-; hace mucho tiempo que perdí a mi padre, pero yo también he vivido en Italia y tuve ocasión de conoceros allí-

-¡Es imposible! El hombre que conocí no tenía más de cuarenta años y vos ni siquiera aparentáis esa edad.

-¡Ay de mí, señora, soy muy viejo!

-Pues entonces, debéis frisar los cien años.

No es imposible.

Saint-Germain le recordó entonces ciertos detalles de la estancia de ambos en Venecia, detalles que solamente ellos podían conocer.

-Sois el diablo -exclamo ella.

-Por compasión, señora, no pronunciéis jamás ese nombre delante de mí.»

Se ha afirmado que aparecía con la misma facilidad que volvía a aparecer. Se hacía invisible y fue localizado en varios sitios a la vez. Nadie logró saber ni de su país de origen, ni su edad, ni el lugar de su muerte.

Se ha escrito que fue visto en Egipto durante la expedición de Napoleón y que las balas no le alcanzaban. Que daba detalles sobre la época de cristo y revelaciones sobre la india -entonces desconocida-, confirmadas más tarde, que han dejado confusos a los historiadores.

J. S. Daniel, fundador de la iglesia Gnóstica, diría a este respecto lo siguiente: «Sólo pueden creerse dos cosas: o bien había visto lo que decía, o bien había recibido una tradición ininterrumpida y matemáticamente fiel, lo cual es más difícil de admitir que la manifestación de un ser visible.»

Henri d´Alméras le consideraba el único poseedor las fórmulas de Egipto y de Caldea, después de Santo Tomás de Aquino, Nostradamus y Alberto el Grande.

Intrigado por las obras que hablan del Conde de Saint-Germain y por los fantásticos rumores que sobre él circulaban, Napoleón III quiso descifrar el misterio de aquel singular personaje.

Pero el incendio de las Tullerías destruyó, en 1871, la biblioteca particular del emperador, donde se hallaba la carpeta secreta del Conde, que los archivos de la Policía le habían facilitado. Y una vez más cayó un telón de misterio sobre esta apasionante figura.

Se ha dicho que se le vio en Roma en 1901 y en Buenos Aires en 1910, y que tuvo algún papel en acontecimientos previos a la Primera Guerra Mundial.

En 1939, un aviador estadounidense, cuyo aparato se estrelló cerca de un monasterio tibetano, refirió a su regreso que entre los monjes que le curaron había un europeo vestido a la usanza de la edad media, quien le dijo: «Yo soy el Conde de Saint-Germain. Pronto volveré a Europa».

Parece que su última “aparición” conocida tuvo lugar en 1972, en la televisión francesa: un personaje que decía ser capaz de transmutar en oro otros metales se presentó ante las cámaras como el célebre conde.

Paraíso de Inmortalidad

¿Existe en la Tierra un paraíso de inmortalidad y de eterna juventud?

Según una leyenda de cuatro mil años, el héroe sumerio Gilgamesh descendió a las profundidades de nuestro mundo en busca de inmortalidad en el jardín de los Dioses (¿el Edén?).

Entre los celtas, se hablaba de Tirnanoge, la tierra de la juventud eterna. Y en la tradición irlandesa, los habitantes del país de Danann huyen a una región maravillosa donde nadie envejece…

jardin del eden

Se ha hablado también de hiperbórea, identificada igualmente con la isla o tierra de Thule, como un país increíble situado más allá de la barrera de los hielos del Ártico, cuyos habitantes vivían diez siglos.

Los budistas del Tíbet creen en un mundo subterráneo, comunicado por una red de túneles con el mundo exterior y creen que ese mundo oculto está alumbrado por una luminiscencia verde, que ayuda a la vida vegetal subterránea y prolonga la vida humana.

Se ha dicho que Lao Tsé, fundador del taoísmo, buscó y halló el lugar de residencia, en un maravilloso valle, de una mujer mortal que adquirió las cualidades divinas, habiendo conseguido vivir millares de años.

El anciano príncipe tibetano Chultun Beyly explicó al profesor de geología, explorador y escritor ruso Ferdinand Ossendowski, autor de Deast, Men and Gods (1923) (Bestias, hombres y dioses) que hace más de sesenta mil años, un hombre santo desapareció bajo tierra conduciendo a su tribu, sin que aquellas gentes retornaran nunca más a la superficie, y que el lugar adonde fueron, llamado Agharta, que nadie sabe donde está, se halla alumbrado por una luz especial que permite el desarrollo de las plantas y produce la supervivencia humana.

Se aseguró que el legendario Preste Juan, a quien se ha identificado con el Rey del Mundo, soberano tal vez de ese misterioso mundo oculto, poseía, al igual que todos sus súbditos, la fuente de la eterna juventud.

El investigador norteamericano Walter Yveling Evans Wentz, que es autor de una tesis sobre tradiciones célticas en Bretaña, narra historias recogidas entre el pueblo que hablan de seres subterráneos que han manifestado a determinados testigos «no estar sujetos a la muerte y mantenerse siempre jóvenes».

Uno de ellos dijo así al testigo: «Soy mayor de lo que tu ahora me ves. Nosotros podemos rejuvenecer a los viejos, empequeñecer a los pequeños»

Cree el doctor M. Doreal, autor de The Inner Earth (1946) (La tierra interior), que en el mundo subterráneo viven los restos de «una raza divina, que existió en el planeta antes de que los adamitas tuvieran existencia física». Y supone a estos seres altos, bellos y de una vida sumamente larga.

El doctor Raymond Bernard investigó a fondo por zonas poco exploradas del Brasil y ha recogido en su obra The Subterranean Word (1960) (El mundo subterráneo) testimonios sorprendentes de indígenas que dicen haber visitado ese mundo interior, donde hombres y mujeres gozan de una salud perfecta y viven innumerables años en estado de perpetua juventud.

Otro investigador destacado de este tema ha sido el naturalista americano Carl Huni, que vivió en la misteriosa región brasileña del Mato Grosso.

En su estudio The Mysterious Tunnels and Subterranean Cites os South America (1960) (Los misteriosos túneles y ciudades subterráneas de sudamérica) habla de grandes cavernas habitadas en Brasil, como las hay en Asia, a tres niveles diferentes, y dice que ese pueblo, que vive en permanente armonía, no envejece.

eterna juventud

Se ha escrito que el célebre filósofo y matemático francés René Descartes (1596 – 1650) fue aceptado en el curso de una estancia de veinte años en Suecia por los rosacruces, tras confesar a su hermano político Chanu, que era embajador de Francia en Estocolmo, que iba a dedicarse únicamente al estudio de la Química, la medicina y la Kábala.

Dice Huet en Mémories nouveaux pour servir à l´historie du Cartésianisme (Nuevas memorias para servir a la historia del Cartesianismo) (1962), que Descartes no falleció, como oficialmente está registrado, en 1950; que su entierro sólo fue una comedia (como había de serlo el de Saint-Germain), para permitirle retirarse a Laponia a fin de aislarse del mundo, convencido como estaba de que podía prolongar su vida hasta los quinientos años.

Hay un párrafo revelador en la carta que Descartes escribió al sacerdote Picot«Gracias a mi ciencia, muy vasta, creo poder alcanzar una edad muy avanzada».

¿A Laponia o a la isla de Thule? ¿O al otro lado de la abertura polar Norte que, según quienes defendemos la teoría de Tierra Hueca comunica la cara exterior a a esfera terrestre con la interior? ¿Adónde fue Descartes?

¿Y adónde fue el Conde de Saint-Germain cuando se dirigió al Tíbet? ¿No iría también precisamente a ese mundo oculto, cuya entrada principal bajo tierra se ha supuesto en esa misteriosa región?

Según una vieja leyenda, el rey británico Herla fue un día conducido por un hermoso desconocido a lo que él dijo era su reino subterráneo. Cuando Herla volvió a la superficie, parece que habían transcurrido doscientos años desde que penetrara bajo el suelo.

Recordemos también al rey Arturo, que, herido gravemente en una batalla, pide a su compañero Bevide que zarpe en una embarcación hacia “los límites de la tierra”, diciéndole: «Adiós, mi amigo y compañero, yo voy a la tierra donde nunca llueve, en donde no hay enfermedades y en donde nadie muere».

Y recordemos igualmente a los siete hombres extraordinarios, cubiertos de brillantes vestiduras, que un día se aparecieron a Facius Cardan, padre del matemático Jérôme Cardan, quienes le dijeron que su vida podía llegar hasta los tres siglos.

Hay una película estadounidense titulada Coccoon, en la que los ancianos de una residencia acaban partiendo en una nave que viene a buscarlos, hacia un mundo donde no existen ni la enfermedad ni la muerte…

¿Es pura imaginación? ¿O intuición de una posible realidad? ¿Hay acaso filtraciones de algo que las altas esferas ocultan aún a la humanidad, pero que empieza a sugerirse para prepararla?

El prodigio del doctor Fausto y el elixir de la larga vida son sueños eternos de los hombres.

La alquimia no sólo buscaba transformar los elementos gracias a la llamada “piedra filosofal”, sino transformar al ser humano, pasándolo a otro nivel desconocido y tal vez consiguiendo la inmortalidad.

El artículo 26 del Reglamento de la Rosa-Cruz de oro, dice textualmente: «Rejuvenecerá por medio de la piedra y repetirá esta práctica a cada cambio de domicilio».

¿Y si la enfermedad, la vejez y la muerte, que consideramos naturales, no lo fueran tanto? ¿Y si pudiera darse una transmutación en el ser humano que cambiara sus características vitales y le confiriera una nueva naturaleza de salud y juventud continuas?

En unos días publicaremos la segunda parte del artículo, al cual podrás acceder haciendo clic aquí:

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